“El universo es inmaterial, mental y espiritual”

Jordi Pigem, filósofo posmaterialista
Tengo 52 años. Nací en Barcelona y vivo en l’Escala. Soy doctor en Filosofía y escritor. Vivo en pareja y tengo un hijo, Marc (10). ¿ Me atraen el budismo zen, el taoísmo y el misticismo cristiano del maestro Eckhart.

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Inteligencia vital

Qué inspiradora y estimulante me resulta esta charla con Jordi Pigem: reencanta la realidad al entrelazarla con mi conciencia, mi corazón. Al acabar evoco una de mis frases favoritas de Dalí: “La naturaleza es sobrenatural”. Pigem es filósofo posmaterialista porque elige una mirada más allá del cómputo materialista, de la ciencia mecanicista y del racionalismo desnudo, y la construye justo donde todos esos reduccionismos se encogen de hombros. En su libro Inteligencia vital (Kairós), subtitulado Una visión postmaterialista de la vida y la conciencia, lo explica con gracia y ligereza. Te dice: “Tú eres único, pero no separado: participas, cocreas”. Eres (con) el universo.

Qué le hizo filósofo?

Una ventana.

¿Una ventana?

De niño me asomaba, miraba el cielo y me preguntaba: “¿Para qué estoy aquí?”. Me gustaba la ciencia… hasta que supe que mis preguntas eran para la filosofía.

Y se dedicó.

Sí, aunque empecé siendo periodista ecologista en la revista Integral: creía que la información mejoraría el mundo.

¿Y no?

Tenemos más información que nunca… ¡y destruimos como nunca! Tenemos ciencia sin conciencia. Y me doctoré en Ciencia Holística en el Schumacher College, Inglaterra.

¿Qué enseña esa disciplina?

Que los últimos hallazgos de la ciencia indican que el paradigma materialista se agota.

¿Qué es el paradigma materialista?

Desde Galileo y Descartes, la ciencia sostiene que sólo existe lo mensurable. Y hemos antepuesto lo material a lo inmaterial: el dinero al alma. ¡Pero resulta que lo más importante es lo que no puede medirse ni pesarse!

¿A qué se refiere?

A la bondad, la belleza, la amistad, el amor, la justicia…, ¡y al mismísimo universo!

¿El universo no puede medirse?

La ciencia sólo puede conocer el 4% del universo: el 96% es materia y energía oscura, ¡indetectable! La ciencia llega a un cul-de-sac.

¿Conclusión?

El paradigma materialista y mecanicista se agota en el macrocosmos –es relativista– y en el microcosmos –es cuántico–, así que toca otro paradigma: el posmaterialista.

¿En qué consiste?

Lee el final de este artículo en la prestigiosa revista Nature: “El universo es inmaterial, mental y espiritual”.

¡Ostras! ¿Quién dice esto tan gordo?

Richard Conn Henry, físico y astrónomo de la Universidad Johns Hopkins, y concluye así: “¡Vive y disfruta!”.

¡Un científico! ¿Posmaterialista?

Claro, el universo no lo forman cosas, sino relaciones: es un océano de relaciones, vibrátil, esporádicamente manifestado en cosas, en átomos, ¡como en el océano las olas!

Muy bonito.

Y real. Ahora mismo, mientras hablamos, están obrándose prodigios en ti y en mí.

¿Qué pasa?

Todas tus células, ¡decenas de billones de células!, cada una única y distinta, se intercambian moléculas del modo idóneo, preciso, exacto: por eso vives y sigues sano.

Benditas sean.

Lo hacen con más eficacia, productividad y sostenibilidad que cualquier fábrica.

¿Cómo lo explica el posmaterialismo?

¡Inteligencia vital! Así la llamo. Porque la inteligencia es connatural a la vida. La vida es inteligente, o no es vida.

¿Una ameba es inteligente?

¡Sí! Una bacteria, una célula, una planta, todo animal: ¡inteligencia! Una planta aprende, memoriza, tiene percepción e intención. Como toda forma de vida. No hay vida sin inteligencia, ni inteligencia sin vida.

Sí, hay inteligencia artificial.

Si no siente, no hay vida: no hay inteligencia. Altísima capacidad de cálculo, sí. Dice Magnus Carlsen, campeón mundial de ajedrez: “Yo veo la jugada, la siento”. No dice “pienso”, dice “siento”: ¡inteligencia vital!

Defina inteligencia.

Capacidad de responder creativamente y de manera óptima al entorno. La araña teje telas cinco veces más resistentes que el acero en relación con su peso… ¡Inteligencia vital!

“La naturaleza es sabia”, decimos.

“La naturaleza se esmera en crear las formas más bellas y maravillosas”, dice Darwin en El origen de las especies. ¡Inteligencia vital!

¿Y qué hay de nuestra humana inteligencia, de nuestro cerebro?

Eres cocreador de realidad, participas del universo, tu conciencia crea. Así lo avanzó el gran físico Schrödinger: “La base de la realidad no es la materia, es la conciencia”.

Voy de sorpresa en sorpresa.

“Lo no observado no existe”, predicó el físico Bohr. ¡Eres cocreador de la realidad! El posmaterialismo se abre a lo inmaterial: valores, intenciones, conciencia, lo que la ciencia no contempla.

¡Pero la ciencia nos ha dado muchísimo!

Muchísimo…, pero al tirar el agua sucia de la bañera (la superstición, el dogma) tiró también al viviente bebé que había dentro.

Rescáteme al bebé.

¡El corazón! Tu corazón tiene sus neuronas, ¿lo sabías? Y está enviando más información a tu cerebro que al revés.

¡No sabía eso tampoco!

Fíjate: cuándo dices “yo”.., ¿dónde te apuntas con el dedo? ¿A la cabeza, al cerebro?

Me apunto al pecho, al corazón.

¡Sí, porque ahí estás tú! El sánscrito tiene una sola palabra ( cit) para mente y corazón. Y decimos que el corazón “se me hiela”, “se me parte”, “se me abre”, “lo tengo en un puño”…, o “eres de buen corazón”.

¿Puede responder ya a la primera pregunta de su vida: “¿para qué estoy aquí?”?

Sí, creo que ya puedo: ¡para descubrirme! El propósito de la vida es descubrirte a ti mismo en plenitud.

 

FUENTE: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20161111/411784894762/el-universo-es-inmaterial-mental-y-espiritual.html

 

 

«Somos invitados en este planeta y en nuestro cuerpo»

Prashant Kakode, fundador del Centro para la Salud Integra

Hijo y nieto de médicos, la convicción de que somos algo más que cuerpo y cerebro le llevó a crear el Centro para la Salud Integral de Cambridge, que utiliza la medicina holística para curar, y se centra en la educación para la salud. «Hay un mensaje en la enfermedad». Coordina la Red Científica y Médica, un foro interdisciplinario, líder a nivel internacional, de personas comprometidas en la creación de una nueva visión del mundo más allá del materialismo, para el siglo XXI. Recorre el mundo dando conferencias a colegas y estudiantes sobre medicina espiritual. Sobre ella ha hablado en la sede de Barcelona de la Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris.
En la actualidad los seres humanos no están experimentando su propia grandeza.
¿Por qué?
Las ataduras. Si alguien es muy fuerte pero está atado o agarrado a algo, no puede utilizar su musculatura. Lo mismo ocurre con el talento.

Es extremo lo que dice.
La situación es extrema precisamente porque estamos autolimitados. Hay que entender la vida de otra manera.

¿Cómo?
Somos invitados en este planeta. Si empiezo a poseer, cosas o personas, creo dependencias. Si disfruto las cosas sin poseerlas y no me preocupa perderlas, soy libre emocionalmente, y eso crea paz interna.

Según usted, las enfermedades son mensajes.
Si se sienta en esa postura errónea, acabará con dolor; si lo soluciona con calmantes, tendrá un problema mayor. También una forma de pensar puede sentarnos muy mal.

¿Cómo llegó a la medicina holística?
Era cirujano de un gran hospital en Manchester; allí tratábamos cuerpos, no personas. Para el sistema médico imperante la conciencia es algo demasiado sutil e invisible, así que la ignora.

Usted decidió contar con ella.
Todos percibimos un yo interior más allá del cuerpo y de la mente, capaz de observarla. Un yo que utiliza el cuerpo y el cerebro pero que no es el cerebro. Me fijé en ello e investigué como tantos científicos y médicos en busca de nuevos paradigmas para explicar tantos fenómenos que la ciencia no puede explicar.

¿Qué investigaciones son para usted clarificadoras?
Un médico griego, George Vithoulkas, invirtió más de veinte años en investigar cómo reaparecía la enfermedad en otra parte del cuerpo a muchas personas tratadas con anterioridad.

¿La enfermedad emigra?
Sí. La tesis es que empujamos las enfermedades hacia otro sistema del cuerpo. En mis observaciones coincido con el doctor Vithoulkas; por tanto, hay que tratar el problema que está más allá del síntoma.

¿Cuál es su experiencia?
En el centro curamos a muchas personas cambiando su estilo de vida. La dieta, por ejemplo, es básica, y la mayoría come de manera errónea y tiene actitudes nocivas.

¿Cuáles son las actitudes equivocadas?
Somos excesivamente dependientes de los sentidos. Si eres libre, hay armonía y disfrute; si eres dependiente, hay preocupación, y siempre habrá un motivo. Si estamos ocupados por el dolor, la ira, el mal humor o la preocupación, no podemos experimentar la emoción en su vertiente positiva.

¿Sus consejos fundamentales?
La primera parte de la comida que ingerimos mantiene el cuerpo vivo; la segunda mitad mantiene al médico vivo, y si seguimos comiendo, mantenemos al dentista.

Hay que comer menos, entiendo.
Tenemos que dejar de comer cuando aún tenemos hambre. Si comemos hasta saciarnos, estropeamos nuestro cuerpo.

¿Y para mantener a ese yo interior contentito?
Ser un observador de uno mismo, un invitado en este cuerpo y de este mundo cambiante es un buen punto de partida. Desde esa distancia van surgiendo respuestas.

Pero lo importante son las preguntas.
Hay otra fórmula muy sencilla que aplicamos en nuestro centro: pedimos a nuestros pacientes que cuiden de otros pacientes. Pasar del «ayúdenme» a ayudar a otros, colocarse en posición de dar resulta muy saludable y tiene mucho poder.

Del ombliguismo a un buen deseo.
Si como sociedad más personas dedicaran un poco de tiempo a otros menos afortunado, estaríamos mucho más sanos, porque este tipo de acción tiene la fuerza de crear autorrespeto. Hay que cambiar el patrón de la enfermedad, el insano «yo soy una víctima».

Entiendo.
Cuando mi abuelo era médico no había antibióticos. Médicos y enfermeras estaban muy expuestos a las epidemias, pero él insistía en que sus colaboradores no enfermaban, decía que el espíritu de servir era su protección, y creo que ese es un gran secreto.

¿Algún otro hábito saludable?
Cinco minutos de meditación al día hace nuestra vida mucho más fácil. Experimentemos la verdad de que somos invitados en nuestra vida, que no poseemos nada y que por tanto no hemos perdido nada en este planeta. Eso da ligereza. Estamos tan ocupados quejándonos, que no somos capaces de ver otras posibles respuestas, nada como la distancia: vivir fuera de la caja.

Todos somos Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Sí, todos tenemos un lado bueno y otro egoísta y manipulador. Los demás puede que traten con Mr. Hyde unos minutos, pero cada uno ha de tratar con él las veinticuatro horas, y eso ataca el sistema corporal.

Pero forma parte de nosotros.
Debilitemos a Hyde, es la confusión la que nos vuelve egoístas. Un poco de claridad nos ayuda a hallar el siguiente interruptor.

Fuente: La Vanguardia

Gent de paraula – Àlex Rovira – 19/04/2013

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http://www.rtve.es/alacarta/videos/gent-de-paraula/gent-paraula-alex-rovira-19-04-2013/1770175/

Àlex Rovira és escriptor, economista i emprenedor, encara que ell prefereix definir-se com a psiconomista. És conegut sobretot pel seu llibre «La bona sort» que va escriure conjuntament amb Fernando Trias de Bes i que es va convertir en un bestseller, traduït a més de 40 idiomes.Altres obres conegudes de l’autor són «La bona crisi» i la més recent «La vida que mereces».

“Hemos perdido el arte de las relaciones sociales”

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La humanidad ha olvidado cómo ser feliz, advierte el sociólogo polaco.

 
“Hay que replantearse el concepto de felicidad, se lo digo totalmente en serio”. El hombre que bautizó este tiempo de incertidumbre comomodernidad líquida repara durante gran parte de la conversación en el deseo más universal de la humanidad. El filósofo y pensador Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925) cree que se nos ha olvidado cómo alcanzarla: “Generamos una especie de sentido de la culpabilidad que nos lo impide”.

Bauman recaló recientemente en la capital para ofrecer una conferencia en la Universidad Europea de Madrid a propósito de su último libro Sobre la educación en un mundo líquido, publicado en 2013. La conversación transcurre en una mesa de reuniones, frente a una botella de agua que apenas toca y un gran ventanal. Y ahí, con un gesto grave como su voz, profundiza sobre la felicidad, la crisis económica, las redes sociales o la juventud. “La búsqueda de una vida mejor es lo que nos ha sacado de las cuevas, un instinto natural y perfectamente comprensible, pero en el último medio siglo se ha llegado a pensar que es equivalente al aumento de consumo y eso es muy peligroso”, señala el premio Príncipe de Asturias 2010. Con mirada enérgica, anima a cambiar los referentes: “Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho”. Lo que se consume, lo que se compra “son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”, despacha el filósofo que, a sus 88 años, arranca y despide el encuentro matutino fumándose una pipa de tabaco y un cigarro.

 

Cortesía de la organización.

Describe un círculo vicioso familiar a propósito de la asociación de felicidad y consumo. El padre o la madre que dedican parte del sueldo a comprar la consola al hijo, porque se sienten culpables al no dedicarles tiempo. Le hacen el regalo, pero el modelo queda obsoleto pronto y se comprometen a facilitarle el siguiente. “Para pagarlo necesitarán más éxito profesional, estar más disponibles para el jefe, usar un tiempo que quitarás a tu familia…”.

Zygmunt Bauman no tiene teléfono móvil ni perfil en las redes sociales, pero “desgraciadamente” se ve obligado a observarlos de cerca: “No tengo más remedio que interesarme por estos fenómenos por motivos profesionales”. Abomina de ellos porque considera que invaden todos los espacios y diluyen las relaciones humanas. “El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”, dice.

No le gusta el papel que juegan en la vida laboral y tampoco el que suplantan, en su opinión, en las relaciones personales. Se acuerda de Mark Zuckerberg, que ideó la red Facebook para ser un chico popular. “Claramente ha encontrado una mina de oro, pero el oro que él buscaba era otro: quería tener amigos”.

“Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad”, se detiene. Las pandillas de amigos o las comunidades de vecinos “no te aceptan porque sí, pero ser miembro de un grupo de en Facebook es facilísimo. Puedes tener más de 500 contactos sin moverte de casa, le das a un botón y ya”.

 

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/11/actualidad/137097136…