«Somos invitados en este planeta y en nuestro cuerpo»

Prashant Kakode, fundador del Centro para la Salud Integra

Hijo y nieto de médicos, la convicción de que somos algo más que cuerpo y cerebro le llevó a crear el Centro para la Salud Integral de Cambridge, que utiliza la medicina holística para curar, y se centra en la educación para la salud. «Hay un mensaje en la enfermedad». Coordina la Red Científica y Médica, un foro interdisciplinario, líder a nivel internacional, de personas comprometidas en la creación de una nueva visión del mundo más allá del materialismo, para el siglo XXI. Recorre el mundo dando conferencias a colegas y estudiantes sobre medicina espiritual. Sobre ella ha hablado en la sede de Barcelona de la Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris.
En la actualidad los seres humanos no están experimentando su propia grandeza.
¿Por qué?
Las ataduras. Si alguien es muy fuerte pero está atado o agarrado a algo, no puede utilizar su musculatura. Lo mismo ocurre con el talento.

Es extremo lo que dice.
La situación es extrema precisamente porque estamos autolimitados. Hay que entender la vida de otra manera.

¿Cómo?
Somos invitados en este planeta. Si empiezo a poseer, cosas o personas, creo dependencias. Si disfruto las cosas sin poseerlas y no me preocupa perderlas, soy libre emocionalmente, y eso crea paz interna.

Según usted, las enfermedades son mensajes.
Si se sienta en esa postura errónea, acabará con dolor; si lo soluciona con calmantes, tendrá un problema mayor. También una forma de pensar puede sentarnos muy mal.

¿Cómo llegó a la medicina holística?
Era cirujano de un gran hospital en Manchester; allí tratábamos cuerpos, no personas. Para el sistema médico imperante la conciencia es algo demasiado sutil e invisible, así que la ignora.

Usted decidió contar con ella.
Todos percibimos un yo interior más allá del cuerpo y de la mente, capaz de observarla. Un yo que utiliza el cuerpo y el cerebro pero que no es el cerebro. Me fijé en ello e investigué como tantos científicos y médicos en busca de nuevos paradigmas para explicar tantos fenómenos que la ciencia no puede explicar.

¿Qué investigaciones son para usted clarificadoras?
Un médico griego, George Vithoulkas, invirtió más de veinte años en investigar cómo reaparecía la enfermedad en otra parte del cuerpo a muchas personas tratadas con anterioridad.

¿La enfermedad emigra?
Sí. La tesis es que empujamos las enfermedades hacia otro sistema del cuerpo. En mis observaciones coincido con el doctor Vithoulkas; por tanto, hay que tratar el problema que está más allá del síntoma.

¿Cuál es su experiencia?
En el centro curamos a muchas personas cambiando su estilo de vida. La dieta, por ejemplo, es básica, y la mayoría come de manera errónea y tiene actitudes nocivas.

¿Cuáles son las actitudes equivocadas?
Somos excesivamente dependientes de los sentidos. Si eres libre, hay armonía y disfrute; si eres dependiente, hay preocupación, y siempre habrá un motivo. Si estamos ocupados por el dolor, la ira, el mal humor o la preocupación, no podemos experimentar la emoción en su vertiente positiva.

¿Sus consejos fundamentales?
La primera parte de la comida que ingerimos mantiene el cuerpo vivo; la segunda mitad mantiene al médico vivo, y si seguimos comiendo, mantenemos al dentista.

Hay que comer menos, entiendo.
Tenemos que dejar de comer cuando aún tenemos hambre. Si comemos hasta saciarnos, estropeamos nuestro cuerpo.

¿Y para mantener a ese yo interior contentito?
Ser un observador de uno mismo, un invitado en este cuerpo y de este mundo cambiante es un buen punto de partida. Desde esa distancia van surgiendo respuestas.

Pero lo importante son las preguntas.
Hay otra fórmula muy sencilla que aplicamos en nuestro centro: pedimos a nuestros pacientes que cuiden de otros pacientes. Pasar del «ayúdenme» a ayudar a otros, colocarse en posición de dar resulta muy saludable y tiene mucho poder.

Del ombliguismo a un buen deseo.
Si como sociedad más personas dedicaran un poco de tiempo a otros menos afortunado, estaríamos mucho más sanos, porque este tipo de acción tiene la fuerza de crear autorrespeto. Hay que cambiar el patrón de la enfermedad, el insano «yo soy una víctima».

Entiendo.
Cuando mi abuelo era médico no había antibióticos. Médicos y enfermeras estaban muy expuestos a las epidemias, pero él insistía en que sus colaboradores no enfermaban, decía que el espíritu de servir era su protección, y creo que ese es un gran secreto.

¿Algún otro hábito saludable?
Cinco minutos de meditación al día hace nuestra vida mucho más fácil. Experimentemos la verdad de que somos invitados en nuestra vida, que no poseemos nada y que por tanto no hemos perdido nada en este planeta. Eso da ligereza. Estamos tan ocupados quejándonos, que no somos capaces de ver otras posibles respuestas, nada como la distancia: vivir fuera de la caja.

Todos somos Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Sí, todos tenemos un lado bueno y otro egoísta y manipulador. Los demás puede que traten con Mr. Hyde unos minutos, pero cada uno ha de tratar con él las veinticuatro horas, y eso ataca el sistema corporal.

Pero forma parte de nosotros.
Debilitemos a Hyde, es la confusión la que nos vuelve egoístas. Un poco de claridad nos ayuda a hallar el siguiente interruptor.

Fuente: La Vanguardia

«Me despedí de la vida… y me curé con la dieta anticáncer»

ImagenOdile es médico, ha padecido cáncer y se ha curado. Explica lo que ha hecho en un libro que es una biblia anticáncer, fundada en la propia experiencia y el conocimiento científico (más de 1.200 referencias bibliográficas): Mis recetas anticáncer (Urano), que encabeza con este proverbio ayurveda: «Cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona. Cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria» (www.misrecetasanticancer.com). Además de una alimentación oncosaludable, Odile advierte de cancerígenos en productos de limpieza, cosméticos e insecticidas. Aconseja dormir por la noche, hacer ejercicio, relajarse: «Salta, ríe, baila y sé feliz».

 

¿Tuvo un cáncer?
De ovarios. ¡Me extirparon un tumor de once centímetros de diámetro! Y parecía solventado. Pero no…

¿No?
Metástasis en vagina, pulmón y huesos.

Buf.
Era noviembre del 2010 y tenía sólo un 5% de posibilidades de vivir más de cinco años.

¿Cómo encaró esta estadística?
Me deprimí. Y luego me despedí de la vida.

¿Cómo?
Grabé un vídeo para mi hijo de tres años, para que supiese cuánto habíamos jugado. Encomendé a mi madre y mi hermana su cuidado, además de a mi pareja…

Adiós a todo…
Sí. Convencida de morir antes de Reyes, compré juguetes para mi hijo, los dejé en un armario y me despedí del niño: «Jugarás más con papá…». Y entonces pasó algo.

¿Qué?
Asumí que ya estaba muerta. Y, como seguía viva, me dije: «¿Por qué no haces algo?».

¡Claro!
Empecé quimioterapia…, y algo más.

¿Qué más?
Indagué… ¡y descubrí que podía hacer bastantes más cosas por mí! Y sentí una oleada de fuerza, de convicción de que me sanaría.

¿Qué hizo?
Cambié hábitos dietéticos y estilo de vida. Sentí gran alegría… ¡y en dos meses el cáncer ya no estaba!: mi actitud y mi dieta activaron los recursos de mi organismo.

¿Qué dieta?
Con alimentos que frenan células tumorales, en vez de los que las aceleran.

¿Qué alimentos son más cancerígenos?
Lo dice la OMS: carnes rojas y carnes procesadas, ingeridas en exceso.

¿Procesadas?
Salchichas de Frankfurt, embutidos, salchichón, salami, bacon… Te depositan toxinas, por aditivos como los nitritos.

Señáleme más alimentos cancerígenos.
La bollería industrial, por su exceso de azúcares y harinas refinadas, y grasas trans. Y los fritos a más de 300ºC con aceites refinados y reutilizados. Y las barbacoas de carne.

¿Y eso?
El requemado de la grasa contiene benzopireno: ¡cancerígeno! Como el café torrefacto.

¿Y qué más debería evitar?
Excesos de sal, azúcar refinado y alcohol.

¿El vino tinto no era saludable?
Beber dos copas de vino tinto al día -una para la mujer- resulta oncoprotector, sí.

¿Y la Coca-Cola?
Cada vaso equivale a un vaso de agua con seis cucharaditas de azúcar: ¡excesivo!

Cite alimentos oncoprotectores.
Todas las frutas y verduras frescas, setas, algas, legumbres, té verde, chocolate.

¿Qué verdura es más anticancerígena?
Cebolla y ajo, tomate, setas, crucíferas (brócoli, coliflor) y todo lo verde.

¿Y cuáles son las frutas estelares?
Granada, cereza, manzana roja y cítricos.

¿Qué más?
Ciertas especias: cúrcuma, jengibre y pimienta negra. Su alto consumo en India ¡reduce allí los cánceres a la mitad!

¿Cúrcuma y jengibre frescos?
Sí, pero sirve en polvo. Y aromáticas: orégano, albahaca, perejil, tomillo. Y semillas de lino: ¡tienen más Omega 3 que el pescado!

¿Y eso es bueno?
Buenísimo, porque el Omega 3 es antiinflamatorio… ¡y las células tumorales prosperan en órganos y tejidos inflamados!

¿Qué me aportarán las setas?
Estimulan el sistema inmunitario, que protege contra tumoraciones. Las mejores: shiitake, mitake, reishi y champiñón del sol.

Prepáreme un plato anticancerígeno.
Desayuna un licuado de zanahoria, manzana, apio y jengibre (un trocito fresco, pelado). Mejor hazlo con una extractora lenta de zumos, que no desperdicia nada.

Déme algo más sólido para comer.
Una ensalada arco iris: verde (canónigos, escarola, espinaca…), naranja (zanahoria), blanco (cebolla), rojo (tomate). ¡Los colores son importantes!

¿En serio?
Expresan presencia de fitoquímicos: caroteno (naranja), licopeno (rojo)… ¡Y los fitoquímicos son una quimioterapia natural! Atacan a las células tumorales y vitalizan a las sanas. Combínalos y te protegerán. Y aliña tu ensalada con nueces, germinados, aceite de oliva virgen extra y plantas aromáticas.

Cocíneme ahora un plato oncosaludable que no sea una ensalada.
Hazte una salsa sofrita de tomate, cebolla y ajo, cúrcuma, pimienta y orégano, para acompañar lo que sea (un arroz integral, por ejemplo), y bebe una copa de tinto.

¿Alguna otra bebida?
Una infusión de té verde, cúrcuma fresca, pimienta negra y piel de manzana verde.

Y un último consejo dietético.
Come más alimentos crudos. Cocina al vapor. O, si hierves, ¡que sea a bajas temperaturas!, para preservar más propiedades.

¿Y así me ahorraré un cáncer?
Sólo un 10% de cánceres son genéticos: el resto son medioambientales…, ¡de los que descartarás un 35% si comes así de bien!

Fuente : La Vanguardia