«La música tiene el poder de despertar mentes dormidas»

Michael Rossato-Bennett, director de documentales

Michael Rossato-Bennett, director de documentales

56 años. Vivo en Nueva York. Estudié cine, pero mi mayor profesor ha sido mi estupidez. Casado, dos hijos; hay mucho amor en casa. Estamos ante un gran cambio en la manera de relacionarnos entre los humanos y con el planeta. Somos vibración: creo en el sol y en la física

De qué estupidez ha aprendido más?
Me rompieron el corazón y me encerré en mí mismo.

¿Quién le hizo eso?

Perdí a mi madre cuando era muy pequeño, y mi padre, siempre ausente, se volvió a casar con una mujer loca y violenta. Con 6 años me decía a mí mismo: «Sólo tengo que aguantar 12 años más».

Pobrecito.

Dediqué mi vida a buscar dónde reside el amor. Mis documentales tratan de seres despertándose a la vida interior.

¿Qué hizo con su propia desolación?

Sabía que no podía superarla solo y decidí rodar Ilumíname. Me puse a las órdenes de un maestro budista durante un año entero. También conocí a un chamán que me llevó a mis infiernos y me ensanchó el corazón.

¿Le libró de la tristeza?

Sí, desenterré recuerdos olvidados que años de psicoterapia no habían logrado aflorar. Comprendí que el secreto es la conexión con uno mismo y con los demás. Y cuando vi el despertar de aquellos ancianos dementes tras diez años desconectados del mundo, fue como ver mi propia historia.

Cuéntemelo despacio.

Me encargaron un corto sobre el trabajo de Dan Cohen, un voluntario que cuidaba ancianos y que estudiaba el poder de la música para restablecer la memoria en gente con alzheimer.

¿Qué imágenes le impactaron?

Desde el primer momento quise irme de aquella residencia. Entré por un pasillo y vi a cien viejos en su silla de ruedas aparcados contra la pared. Algunos movían los brazos compulsivamente, otros tenían la cabeza gacha y no se movían. Era tan triste…

¿Estaban todos idos?

Sí, y sedados con antipsicóticos. Dan cogió a uno, lo entró en una habitación y por primera vez le conectó, mediante unos cascos y un iPod, con su música de juventud, ¡y fue como si encendieran una luz en su interior!

He visto el vídeo, es impactante.

Henry levantó la cabeza y comenzó a cantar y a hablar con tanta poesía que me hizo llorar. Supe que esto es lo que las personas pueden ser si les das un poco de atención y un poco de ellas mismas, de su identidad. Vi claramente que los viejos del pasillo es en lo que nos convertimos sin esa atención, sin ese amor de los unos hacia los otros.

Y el corto se convirtió en un documental y en un proyecto de por vida.

Un solo día me bastó para darme cuenta de que tenía que ayudar a Dan y sumarme a su proyecto, Música y memoria: utilizar la música personal de cada anciano en las residencias y empujar a los jóvenes a que busquen esa música y ayuden a sus mayores.

Es bueno para todos.

Nuestra cultura nos segmenta, es la mejor manera de vendernos productos: mujer-joven-soltera; adolescente… Cada identidad tiene sus identificadores, es marketing puro. Y en este mundo los viejos son objetos inútiles que hay que aparcar en algún lugar.

…Y los amontonamos en residencias.

Sin embargo, dentro de nosotros hay una gran capacidad de sentirnos los unos a los otros, pero buscamos la seguridad en lugares equivocados, en preservar lo mío, cuando lo que nos hace felices es conectar. Así llegué a hacer un imposible: una historia feliz sobre la demencia.

¿Qué dicen los estudios?

El Health and Hospitals Corporation (HHC) de Nueva York realizó un estudio de tres años; trataron a los pacientes de alzheimer haciéndoles escuchar la música que les gustaba y los conectaba con su juventud, y el consumo de antipsicóticos disminuyó del 38% al 13% y se ahorraron 400 dólares por persona al mes y sin efectos secundarios.

¿Cómo reaccionaron las residencias?

Dan había despertado de su letargo a mucha gente, pero las residencias de ancianos son grandes burocracias y no conseguía que se interesara nadie en esta idea. Hicimos un vídeo corto para colgarlo en internet.

¿Y tuvo visitas?

Muy pocas, pero una noche mi hijo adolescente vio que otro chico lo había colgado en una web de gente joven, Reddit.com. En una sola noche tuvo casi 200.000 visitas, y en una semana alcanzó los ocho millones.

¿Reaccionaron las residencias?

En dos meses todas las residencias del mundo habían visto ese pequeño vídeo. Ahora la gente sabe que la música tiene el poder de entrar en esas mentes dormidas y despertarlas y, hoy por de hoy, ya hemos introducido el programa en 1.350 residencias.

Ha conectado su propio pasado con su futuro.

El mayor dolor de la gente es la separación y la incapacidad de sentirse a uno mismo, de conectar, ese era mi dolor cuando era joven. Toda la alegría en mi vida ha venido a través de la conexión conmigo mismo, con los seres queridos y con la vida.

No hay alegría en el aislamiento.

No, y sin embargo es así como buscamos la seguridad. La música nos conecta con los sentimientos, y los sentimientos siempre tienen que ver con los otros. La música nos muestra que debemos vivir en armonía.

Despertares

La película que ha ganado el festival de cine de Sundance, Alive inside (vivo en mi interior), que levantó a los espectadores de sus butacas con vítores y lágrimas, y cuyo tráiler se ha convertido en un fenómeno viral en YouTube (no se lo pierdan), se ha presentado en la II Mostra Audiovisual de Cinema Científic i Tecnològic de Barcelona y busca distribuidor en España. El documental muestra los resultados del programa Música y memoria, oenegé que reúne iPods con música personalizada para pacientes con demencia y que evidencia cómo la música activa el cerebro. Ver el despertar de esas personas arrinconadas, su alegría, cómo conectan con sus vidas, es mágico.
Fuente : La vanguardia . La contra.

«Crecer es construir algo más grande que tu propio ego»

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Chris Lowney, fue jesuita y mánager director de JP Morgan; analiza el liderazgo del Papa

Fui jesuita durante siete años hasta que fiché por JP Morgan, donde trabajé otros 17, hasta llegar al comité de dirección de Europa.

Tengo 57 años: ya no trato de dominar el mundo, sino de mejorarlo. La vida es un misterio o nada. Nací en Nueva York. En Wall Street aprendí que no todo lo que cuenta puede contarse. Si todos piensan lo mismo en una empresa, es que nadie está pensando. Colaboro con Esade

¿Quién le enseñó más: la Compañía de Jesús o la de Wall Street?

Las mejores lecciones sirvieron en las dos.

¿Cuáles le han servido siempre?

El hábito de reflexión jesuítico diez minutos dos veces al día lo mantuve en las dos compañías y aún lo mantengo ahora en la oenegé para la educación que dirijo.

¿Es una micromeditación?

Estamos expuestos a un torrente de estímulos, órdenes, miedos… Y es decir… ¡Basta! Y ganar esos minutos sólo para ti. Así combates la gran fuente de confusión de nuestra época, que es mezclar fines y medios.

¡Baaaasta!

Bien. Detengámonos. Dos veces al día. Déjelo todo diez minutos. Y meditemos.

Un miniejercicio espiritual de crisis.

Pero cotidiano y recurrente. Usted se detiene, se relaja y se hace una serie de preguntas: siempre las mismas. ¿Para qué estoy aquí? ¿Lo que estoy haciendo sirve a mis objetivos o sólo sirvo a los de otros? ¿Estoy sirviendo a los demás o sólo a mi propio ego?

Es difícil distinguir tu ego de tus metas.

Tanto si sólo sirves a tu soberbia como a la ajena, te sientes vacío. Sólo tendrás sensación de crecer y mejorar cuando construyes algo más grande que tu propio ego.

¿Usted lo consiguió?

Hasta los 40 solo pensaba en ascensos y bonus, pero, aun entonces me era útil detenerme para hacerme esas preguntas…

Se escuchaba, pero no se hacía caso.

Pero la reflexión me proporcionaba una distancia reconfortante. Tras cumplir 40, las respondía con otro sentido y vi que acumular ascensos y bonus no era lo que quería.

¿Qué quería?

Descubrí que crecer no es dominar el mundo, sino mejorarlo. Y esa práctica espiritual me sirvió para tomar decisiones, porque ya tenía argumentos: me los había trabajado.

Eso no se enseña en los negocios.

Porque en el mundo de la empresa no gusta la palabra espiritualidad. Se ve como demasiado vaga, ambiciosa, blanda…No se puede cuantificar. Y en el capitalismo, lo que no se puede medir no existe, porque tampoco se puede comprar ni vender ni exhibir.

Tampoco es fácil definir espiritualidad.

Y sin embargo, todo buen líder sabe que una empresa no es sus máquinas ni su capital ni sus edificios: es el talento de quienes trabajan juntos en ella. Y ese talento no se puede medir ni incluir en una hoja de cálculo, pero es todo su presente y futuro. No se puede contar, pero cuenta.

En cambio suelen reducirnos a cifras.

Estoy en Esade disertando sobre «Espiritualidad y creatividad en el mundo empresarial» así que le haré una reflexión con estadísticas recientes: ¿Por qué el Papa es más valorado por creyentes y agnósticos en las encuestas que ningún político?

Me cuesta imaginar al Papa mirando esas encuestas y mirándose en el espejo.

Porque, creyentes o no, percibimos que él sirve a una misión más importante que su propio ego. En cambio, nos es muy fácil imaginar a los políticos fingiendo cualquier cosa para mantener o aumentar su poder.

¡Qué nos va a contar!

El Papa puede equivocarse, pero intenta servir a una misión mayor que sí mismo. Y esa es una máxima jesuítica. Por eso, cuando nació la Compañía para reformar la Iglesia, los jesuitas debían oponerse a quien sirviera sólo a su propio ego y no a su misión.

La misión de una empresa es ganar más dinero: para eso, casi que sirvo a mi ego.

La misión de una empresa es servir a los demás -desde generar luz eléctrica a fabricar calcetines- y el dinero sólo es el medio para seguir sirviendo. Ya le he dicho que el gran error es confundir medios y fines.

Pocos empresarios lo ven así.

Pues esa claridad de la propia misión y objetivos permite también discernir entre la tradición y la comodidad, como al Papa ahora cuando intenta reformar el Vaticano.

¿La iglesia al ser gerontocrática se adelanta a su tiempo o es conservadora?

Francisco ya había enviado su carta de renuncia al Papa como obispo a los 75 años cuando fue llamado al Concilio. Pero se encontró con su misión y la aceptó sin hacer ningún cursillo de formación: no los hay para ser Papa. Esa es otra lección: cada momento de nuestra vida es de formación.

Depende de lo que te propongas…

¡No depende! De repente, eres padre o te quedas sin padre y eres líder y tiras del carro y muchos dependen de ti. Debemos prepararnos para esas misiones cada día.

Conozco viejos dirigentes muy jóvenes.

En los ochenta en Wall Street escuchábamos a los mayores; en los noventa, llegaron los matemáticos jóvenes con sus fórmulas e ignoramos la experiencia de quien había visto muchas crisis…Y generamos otra recesión. El mejor software no es nada sin experiencia.

¿La mejor lección de liderazgo empresarial del papa Francisco?

Es una elección: estar con los pobres y débiles, como Jesucristo. ¿Con quién pasó Jesús la mayor parte de su vida?

Fuente: La Vanguardia.