CORINNE LEPAGE, EURODIPUTADA CONTRA LOS TRANSGÉNICOS «Los humanos somos cobayas de los cereales transgénicos»

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Tengo 62 años. Soy parisina. Soy diputada en el Parlamento Europeo. Estoy casada y tengo dos hijos y dos nietos. Soy fundadora del partido ecologista y humanista Cap21. Soy de origen judío. Casi toda la carne que comemos deriva de animales alimentados con piensos transgénicos

Verdad y salud «¡Nuestra salud está en juego!», clama Corinne Lepage desde el subtítulo de su libro La verdad sobre los transgénicos (Icària), un contundente alegato contra las estrategias de la industria y la política para amparar los cultivos transgénicos. Corinne Lepage, jurista y ecologista muy activa, es líder de la lucha en Europa contra los organismos genéticamente modificados (OGM), presidenta de honor del Comité de Investigación e Información Independiente sobre Ingeniería Genética, Criigen (www.criigen.org) y diputada en el Parlamento Europeo desde el 2009. Su libro acaba así: «Sé que llegará el día donde todos reconocerán que nosotros teníamos razón».

¿Qué es un transgénico?

Un organismo genéticamente modificado (OGM) en laboratorio, por ingeniería génica.

¿Qué tipo de organismo?

Plantas: cereales como maíz y soja, sobre todo.

¿Con qué fin los modifican?

Les quitan unos genes y les ponen otros para que sean más resistentes.

¿Más resistentes a qué?

A los herbicidas y a los insectos.

Eso está bien, ¿no?

No. Los hacen resistentes al Roundup, un potente herbicida, para poder fumigar a granel las plantaciones: eso mata todas las hierbas, menos el maíz y la soja transgénicos. Y, de paso, contamina aire, tierra y agua.

¿Y es peligroso para nosotros?

El Roundup viene cargado de sustancias tóxicas para la salud humana. Provoca patologías renales, hepáticas, hemáticas, cardiacas, nerviosas y neuronales. Sobre todo entre campesinos y villas cerca de los campos.

¿Y se sigue usando?

Sí, pero lucho para que deje de usarse.

Y, herbicida aparte, ¿las semillas transgénicas son nocivas?

Así lo demuestra el riguroso estudio científico de los doctores Séralini y Spiroux, realizado en secreto y publicado en el año 2012.

¿Por qué en secreto?

Para impedir que fuese boicoteado por Monsanto, la multinacional que fabrica las semillas transgénicas y el Roundup.

¿Con qué resultado?

Los grupos de ratas con las que se experimentó demuestran un crecimiento de tumores mamarios y desarreglos hormonales.

¿Extrapolable en humanos?

¡Los humanos somos las cobayas en tiempo real! Cáncer, obesidad, diabetes, patologías neurodegenerativas… En las ratas del experimento crecieron las necrosis de hígado y fallos renales, y cae la esperanza de vida.

Pero los campesinos siempre han cruzado especímenes para optimizarlos…

Una cosa es cruzar especies emparentadas. Otra, inocular un fragmento de información genética de especies muy alejadas entre sí, entre plantas y bacterias y animales…

¿Qué es lo más preocupante?

El maíz y la soja transgénicos están diseñados para liberar un insecticida endógeno: eso evita plagas de insectos, pero… nos comemos ese insecticida nosotros.

¿Lo come también el ganado?

Casi toda la carne que comemos proviene de animales alimentados con piensos transgénicos, que no hay que etiquetar.

¿Qué podemos hacer nosotros?

La ganadería ecológica es hoy la única garantía de carne limpia de transgénicos.

¿Estamos consumiendo semillas transgénicas sin saberlo?

Indirectamente, sí.

No me diga que el maíz de las palomitas de los cines es transgénico…

No, no puedo decírselo.

Y la leche de soja del tetrabrik que compro en el súper ¿es transgénica?

Debería figurar en el etiquetado. Si no, podemos pensar que no hay transgénicos.

Si miro la etiqueta de un producto, ¿me informa de verdad de eso?

Sólo informa si contiene más del 0,9% de transgénicos. Pero hay muchos productos con componentes derivados de transgénicos, como almidones o aceites vegetales usados en bollería, por ejemplo… y no hay etiquetas, nadie nos dice nada, no te enteras.

Ni de sus efectos en nuestra salud…

Eso es lo alarmante, que se autoricen sin evaluación de impactos.

¿Eso incluye a España?

El 90% de los transgénicos de Europa se produce en España: Catalunya, Aragón, Valencia, Andalucía… ¡Son 120.000 hectáreas!

¿Tantas?

España incumple la normativa europea tanto en la identificación de fincas de cultivo como en el etiquetado. Los consumidores deberían poder elegir. Y los agricultores, que ya no pueden decidir qué plantan.

¿No?

Las semillas transgénicas no saben reproducirse: dan plantas estériles, lo que obliga al campesino a comprar semillas cada año.

A menos que decidan conservar el grano tradicional.

Pero están desapareciendo, claro… Además, las plantas transgénicas te polinizan las plantas tradicionales y ecológicas. ¡Es una gran desgracia, no hay puertas en el aire!

¿Cómo se interesó usted por la amenaza transgénica?

Fui ministra de Medio Ambiente (1995-97) en Francia, y allí forcé una moratoria sobre los transgénicos, vista la falta de información. Al salir del gobierno, seguí colaborando con la investigación, pese a las trabas.

¿Por parte de quién?

De Monsanto, que demanda a quien investigue sus semillas. Pero conseguimos los medios y, en secreto, culminamos el estudio más completo existente, publicado en Chemical & Toxicology, irrefutable.

¿Conclusión?

Consentir el uso de semillas transgénicas en la cadena de la alimentación humana sin ahondar en las consecuencias es criminal.

Fuente: La vanguardia

Aseguran que la vitamina B ayuda a prevenir el Alzheimer

Un estudio de la Universidad de Oxford vino a confirmar algo que desde hace tiempo se sospecha en el mundo científico.

Aseguran que la vitamina B ayuda a prevenir el Alzheimer

Algunas vitaminas del grupo B, como la B6, B12 y el ácido fólico, pueden retrasar e incluso detener el Alzheimer en las personas mayores, según un estudio presentado esta semana por la Universidad de Oxford.

Concretamente, los investigadores comprobaron que el consumo de estas vitaminas ayudan a reducir la presencia de homocisteína, un aminoácido relacionado con el achicamiento del cerebro -una de las consecuencias del Alzheimer-.

El estudio, dirigido por David Smith, involucró a 156 pacientes en condiciones de “pre-enfermedad de Alzheimer “ -a quienes se suministraron suplementos vitamínicos del grupo B-, pero lo más importante es que vino a corroborar trabajos precedentes sobre el tema.

“El estudio es interesante pero más que revelar algo nuevo, viene a confirmar un trabajo que ya venimos haciendo”, opinó ayer la neuróloga platense Diana Cristalli, quien comentó que en La Plata ya se suministran vitaminas B para pacientes con esta problemática.

De acuerdo a las primeras conclusiones del trabajo, los resultados mostraron una reducción del 90% en el proceso de contracción del cerebro, particularmente en las áreas más vulnerables en pacientes con Alzheimer.

Estas conclusiones -con su detalle completo- fueron publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences y son significativos, aunque los investigadores -con la prudencia habitual en estos casos- dicen que se necesitan más investigaciones para confirmarlos.

“Es muy pronto para saber si estos efectos significan que alguien es menos propenso a desarrollar demencia -explica Eric Karran, director de investigación de Alzheimer’s Research UK-. Tampoco está claro si las vitaminas del grupo B tienen algún beneficio para los que ya han desarrollado demencia.”

A pesar de las legítimas dudas, en los últimos años distintos estudios han venido a demostrar el efecto beneficioso de las vitaminas del complejo B sobre el sistema nervioso y el cerebro. Por lo pronto, aconsejan suplir las deficiencias de vitaminas de este tipo. Y si se beneficia la salud del cerebro, aún mejor

“En La Plata empezamos a conocer de los beneficios de esta vitamina en el año 99 -recuerda Cristalli-. En su momento era algo totalmente desconocido, pero ahora son cada vez más las evidencias que se encuentran sobre las ventajas que trae su consumo. Estudios como el de Oxford no hacen más que confirmar que se está trabajando en el camino correcto”.

PODER NATURAL

Esta vitamina, hay que decir, se encuentra de forma natural en la carne y los cereales integrales y contribuye al crecimiento y la división celulares, además de fortalecer el sistema inmunológico y mantener sanos la piel y la estructura ósea.

Los investigadores, como se dijo, creen que las vitaminas B disminuyen la atrofia cerebral reduciendo los niveles de un aminoácido presente en la sangre y que se conoce como homocisteína.

En el estudio, las personas que tenían los niveles más altos de homocisteína en la sangre fueron quienes más se beneficiaron.

Según el profesor Smith, del Departamento de Farmacología de la Universidad de Oxford, los resultados del trabajo fueron sencillamente “espectaculares”.

“Esperamos que este tratamiento sencillo y seguro retrasará el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer en personas que sufren ligeros problemas de memoria”, dijo el especialista.

Para él, la cuestión clave es saber si el Deterioro Cognitivo Leve es sólo el comienzo de la enfermedad de Alzheimer, es decir si se trata de un proceso continuo y progresivo, como él mismo sospecha.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20130525/Aseguran-vitamina-B-ayuda-pre…

Joan García Conzález, 73: «Cuido mi salud y la del planeta»

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Un veterano ecologista, activo divulgador de los estilos de vida que permiten estar en sintonía con la naturaleza | Doctor en químicas Licenciado en medicina, naturista, vegetariano, es un promotor cultural de debates de la asociación Ecoconcern | Impulsor de la asociación Ecoconcern, está volcado en la difusión de las ideas del decrecimiento | Vegetariano desde hace 37 años, ha sorteado las enfermedades y es todo un chef con la cocina solar

Joan García González, doctor en químicas y licenciado en medicina, ha buscado siempre sentirse en armonía con el entorno para hallar la mejor calidad de vida personal. Él es uno de los socios más veteranos de la Sociedad Vegetariana Naturista de Barcelona. Y, pese a estar jubilado, desde la asociación Ecoconcern, sigue siendo un activo divulgador de un ecologismo práctico que intenta mostrar las instrucciones que permiten actuar en plena en sintonía con la Naturaleza. A sus 73 años, vive volcado totalmente en las tareas de difundir las armas que permitan estar en paz con la naturaleza.

Joan García González (natural de Les Lloses, Girona) amplía la típica imagen popular que tenemos del químico o del médico. No obstante, su formación en estas disciplinas bien podría explicar por qué decidió tan concienzudamente encaminar sus pasos hacia las prácticas de la buena vida. «Fue una decisión tomado con criterio científico».

El repaso a su vida revela la evolución de una persona que ha pasado de pensar que debía centrar la atención en su salud personal a considerar que también tendría que preocuparse por la salud del planeta, convencido de que las enfermedades que el hombre infringe a la tierra se contagian luego a él. Que el planeta se las devuelve, como la pelota de un frontón.

Ésta es la historia de un naturista-vegetariano que siempre ha intentado amoldar su modo de vida a las filosofías que buscan una reconciliación con el entorno natural: la crítica al consumismo exacerbado, el desarrollo sostenible, el ecologismo y, ahora, el decrecimiento.

Para él, la base sigue siendo su condición de vegetariano de convicciones arraigadas. Lo es desde hace 37 años, cuando aún no se reconocían las virtudes de esta dieta, recomendable para obesos o enfermos de afecciones cardiovasculares.

El vegetarianismo, junto con el ejercicio, el descanso y una vida activa para satisfacer sus inquietudes, han sido algunos de sus pilares básicos para sortear las enfermedades.

Respetar los ciclos naturales y amoldarse a sus recursos disponibles le ha llevado a ser un consumado chef con la cocina solar, con la que gusta preparar sus platos de garbanzos, lentejas, patatas o arroz, sabiendo dominar los tiempos de cocción. «Yo dejo los alimentos en la cocina; me voy a la playa; y cuando vuelvo ya encuentro la comida a punto», dice describiendo una parte de esas jornadas en la que no hay prisas, sino una sincronizada relación con los rayos del sol que marcan su tiempo de comida. «Así ahorro energía y ahorro tiempo, aunque haya también hay algunos días nublados en Barcelona. La lástima es que haya lobbies e intereses que bloquean el paso a las energías renovables», se queja.

Su modo de vida sano, alejado de los productos contaminados con insecticidas, le llevó desde hace ya muchos años a adquirir y consumir productos ecológicos. En Viladecans, tiene su propia casa i l’hortet, y anima a que más barceloneses llenen sus terrazas y balcones de tomates, pimientos o calabacines ecológicos, como un gesto simbólico y relevante de que otra producción agrícola es posible de la mano de un consumidor concienciado. «Se trata de que la gente de 30 o 40 años adopte hábitos de vida saludables porque cuanta más sana sea la vida que lleves, en mejor estado te encontrarás al llegar a los 90 años. No tienes que comer tanta carne si no quieres sufrir artrosis u otras patologías», dice este médico que elogia la medicina natural y las sopas de tomillo, pero que también sabe recurrir a la medicina tradicional cuando es necesario.

Una conversación distendida con Joan García se convierte en un repaso obligatorio a algunas de las corrientes de opinión que le han servido de guía para su manera de actuar. Siempre ha coincidido con las críticas al desarrollismo (en voga en los años 70): «la sociedad se ha dejado arrastrar por un enloquecida carrera de consumo, depredadora, de contaminación, y la crisis ha confirmado que este estilo de vida es insostenible. La prueba es que las naciones de Occidente depredan a otras naciones para satisfacer sus necesidades de consumo».

También ve superada la idea del crecimiento cero (Club de Roma, 1972), pues no hay salida cuando, por ejemplo, «el promedio de la ocupación de una casa en la Cerdanya es de 17 días al año»; cuando alguien se propone hacer una demostración de derroche energético yendo «en avión un fin de semana a la otra parte del planeta», o cuando ya sabemos que la sobreexplotación y la destrucción de recursos ha arrasado culturas (isla de Pascua). No menos irritado se muestra por la desfiguración de la idea de desarrollo sostenible (Río, 1992), un intento (frustrado para muchos) de frenar el consumo y el productivismo. «El delirio de la confusión ha sido identificar crecimiento y desarrollo. Un organismo que crece desorbitadamente es que sufre un proceso canceroso».

Por todo ello cuestiona que se busque salir de la crisis con la misma receta que trajo el estallido de la burbuja. «Los políticos nos piden volver a crecer. Pero eso es como si hubiera un incendio y nos pidieran que arrojáramos cubos sin especificar si de agua o de gasolina».

Su mirada se ha detenido ahora en el decrecimiento, convencido de que la solución debe venir de las múltiples y enriquecedoras opciones que hay para declinar el verbo compartir (trabajo, tiempo, espacio, casa, amistad, recursos…). «Reducir los gastos te puede permitir ganar en calidad de vida y desarrollarte en valores humanos. Debemos reducir y compartir, y eso no significa vivir peor. No hace falta irse a Cancún ni a un parque temático para encontrar la felicidad. Yo prefiero unas chirucas, una botella de horchata y una guitarra e irme con un grupo de amigos a Collserola para pasármelo pipa hablando, debajo de una higuera, o contemplando el paisaje».

Sus trabajos sobre decrecimiento han sido editados en la publicación de la asociación Ecoconcern y en el Journal of China-China Administration, donde plantea bases para una sociedad estable (éste último traducido en la revista del Col.legi de Químics de Catalunya).

Ahora sigue siendo un hombre muy activo, un promotor y agitador cultural desde Ecoconcern, un colectivo de personas interesadas en conocer y divulgar muchos de los problemas sociales. Allí repasamos el acertijo de las 8 R de Serge Latouche (reevaluar, reconceptualizar, redistribuir, relocalizar, reducir, reutilizar, reciclar) y aún se atreve a colocar una novena: reflexionar. Desde este amplio, viejo y señorial edificio del Casc Antic de Barcelona, este hombre encabeza un grupo de barceloneses resistentes preocupados por cambiar nuestro estilo de vida. Para que sea más duradero. Para las personas. Y para el planeta.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/vida/20130805/54379152749/cuido-mi-salu…

Gent de paraula – Àlex Rovira – 19/04/2013

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http://www.rtve.es/alacarta/videos/gent-de-paraula/gent-paraula-alex-rovira-19-04-2013/1770175/

Àlex Rovira és escriptor, economista i emprenedor, encara que ell prefereix definir-se com a psiconomista. És conegut sobretot pel seu llibre «La bona sort» que va escriure conjuntament amb Fernando Trias de Bes i que es va convertir en un bestseller, traduït a més de 40 idiomes.Altres obres conegudes de l’autor són «La bona crisi» i la més recent «La vida que mereces».

«No siento el paso del tiempo»

CUANDO LA ES UN PLUS (40) EDAD JOAN SÁNCHEZ-FORTUN PSICOTERAPEUTA, HUMANISTA ESCRIBE LIBROS SOBRE TERAPIA INTERIOR, DA CHARLAS SOBRE CÓMO SER FELIZ Y HACE FOOTING

Psicoterapeuta, está preparando un nuevo libro sobre la «dictadura del dinero»

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                                                                     «Somos lo que somos y lo que demostramos que somos».

A finales del 2013 cumplirá 73 años. «No siento el paso del tiempo, siento el día a día, y vivo cada momento. Realmente, es como si no tuviera edad».

Joan Sánchez-Fortun (Barcelona, 1940), sereno, autodidacta, de pelo cano, no siente la edad que tiene. Porque no envejece ninguno de los cuatro libros sobre pensamiento y búsqueda interior que ha publicado, tratados humanistas para consolar a las masas «perdidas, que sufren y que tienen mala gaita», y para superar la dependencia afectiva y el sentimiento de culpabilidad.

Dos veces por semana, corre. «Hago veintipico kilómetros. Hago footing desde que era chico; antes hacía ciclismo», apunta. Deportista amateur, participa en las carreras de El Corte Inglés, Bombers de Barcelona, la Mercè…

Y cada mañana escribe. «Mis contenidos tienen una gran carga humanista. Por ejemplo, esta frase: ‘Que el orgullo, ese gran enemigo de la concordia y de la relación del ser humano, no destruya más la relación cordial y cercana'», escribe, a modo de los Pensamientos, del matemático Blaise Pascal, y del A mí mismo, del emperador romano Marco Aurelio.

Y medita. Según él, cuando se alcanza una determinada edad, se deja de contar los años y se vive serenamente. Y se vive, en cierta medida, para los demás. «Ahora, con 72 años, me doy cuenta de muchas cosas a las que antes no les veía sentido. Y soy mucho más comprensivo», reflexiona.

«La edad no tiene interés, lo importante es lo que se hace, se tenga los años que se tenga», añade. «Y hago muchas cosas, porque estoy hecho un chaval».

Ahora se está replanteando el futuro. «Hace tiempo que digo que desde que el hombre tiene más riqueza material se aísla más del mundo externo porque considera que este dinero le da una seguridad que él no tiene interiormente. Así que el dinero nos incomunica. Cuando el dinero es el objetivo del hombre, se pierde el sentido de la vida del hombre. El objetivo ha de ser el conocimiento, no un bien material», salmodia.

Posiblemente, el próximo libro de Joan tenga por título Vivir sin dinero, algo que recuerde a Sin blanca en París y en Londres, de George Orwell, pero con más gracejo, y con un enfoque radical en cuanto al «vil metal»: «Se ha de acabar con la barbarie egoísta por el dinero, esa irracionalidad». Los apartados que se incluirían en este futuro libro serían los siguientes: Madurez y evolución («responsabilidad, personalidades equilibradas y compensadas»); superpoblación («deterioro del planeta») y fortunas («envidias, daño por un malsano interés»).

Joan Sánchez-Fortun, inquisitivo y agitador, es hijo de la guerra, cuyas consecuencias padeció: «Mi padre combatió en la guerra civil española. Fue reclutado y tuvo que ir al frente. Luchó en la batalla de Teruel (15 de diciembre de 1937-22 de febrero de 1938), y una bala le rozó la cara. Acabada la guerra, se tuvo que someter a varias operaciones; le costaba salivar», refiere Joan Sánchez, que guarda un grato recuerdo de la formación que recibió en casa. «Mi padre acabó tan harto de la guerra, tan harto de la miseria y tan harto de la maldad de ese tiempo, y acabó tan harto de la ruindad que le rodeaba, en aquellos años oscuros y grises, que se hizo jardinero. De paleta, pasó a ser cultivador de rosales para las floristerías».

Californica, chinensis, rugosa, pouzinii, sempervirens, gigantea… La familia rosa es tan extensa y tan numerosa que Joan aún no conoce todos sus miembros. Acabado el servicio militar, en el que cuidó el parterre del general de su brigada, el influjo de la profesión paterna, almacén de sensibilidad y belleza, se le metió dentro, como una parte consustancial, como un órgano más de su cuerpo y como una espina buena.

En 1987, y con aquella herencia («mi padre fue una influencia positiva; mi humanismo es genético»), Joan subrayó un anuncio en el diario La Vanguardia concerniente al Centro Internacional de Psicología, dirigido por el profesor Juan Portuondo, en Barcelona. Allí, en las dependencias de esta escuela (su lema: «A la primera persona a quien debes comprender es a ti mismo»), completó cinco cursos anuales y obtuvo el título de psicoterapeuta, aunque el autor es de la opinión que se aprende más en la calle, «herramienta útil y válida», la mejor escuela.

«No se trata de obedecer a algunos psicólogos charlatanes que dicen lo que les viene en gana. Se trata de luchar, de evolucionar, a pesar de los años que cada uno tenga. La felicidad vendrá por añadidura», completa, y añade, atrincherado en la máxima de escuchar al otro para comentar después: «Somos lo que somos y lo que demostramos que somos».

En Conocerme para evitar el sufrimiento innecesario (Ediciones Carena)se aprende a reconocer los conflictos internos: «La persona que conoce cuál es su pasado, la que cobra conciencia de ello, intenta corregirse y superarse. Así, elabora un futuro más plácido».

De esta manera, se deja atrás el orgullo, la soberbia, la altivez y la prepotencia (siglas de OSAP, término que Joan ha acuñado).

¿Qué ocurre si uno es tan prepotente que no hace caso de ningún consejo? «Que vas cargando con la mochila de los conflictos propios. Nunca se ha de perder la tranquilidad interior, el ritmo interno, la paz».

De pequeño, Joan Sánchez era introvertido, tartamudo, apocado. «Y brutalmente ignorante», agrega.

Nadie lo diría de este hombre que se ha hecho a sí mismo, que ha caminado como un licántropo que se encanalla con lo malo, con la angustia, que no soporta la dejadez, pero sí la soledad: «Nunca se está solo. Siempre nos tenemos a nosotros».

«Hice el comercio en los hermanos maristas de Sants, en Barcelona, pero, al final, me di cuenta de que le tenía asco al dinero», colige Joan Sánchez, que ha pasado tantas penalidades en su vida como empleos ha desempeñado, en ese vagar continuo por las profesiones y los oficios, por los gremios y por las cadenas de montaje.

«Nunca hago planes. Me gusta ir caminando, y el camino me dice adónde voy», expresa, con el sentimiento de un poema machadiano.

En el fondo, y por influjo de su padre,crece como lo podría hacer una planta. «La edad va por detrás del pensamiento», considera, y cita las especies que conoce, y que mima. Cree que el ser humano no se jubila cuando acaba haciendo de su dedicación su entretenimiento.

Al salir de la cafetería en la que se ha tomado un té con menta, Joan Sánchez-Fortun, humanista, se para delante del macetero. Mete el dedo en la tierra. «Esta planta está seca», confirma.

Y se resiente: «Las plantas cautivas no me gustan».

Fuente: Tendencias. La Vanguardia

«Madurez es trascender el yo hasta sentirte en el todos»

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Álvaro Pascual Leone, profesor de Neurología en Harvard

En el Institut Guttmann, Harvard y Neuroelectrics ya logran que los parapléjicos lleguen a encender la tele (y muevan la silla de ruedas) sólo con el pensamiento. Me maravillo, pero el doctor Pascual Leone lo considera trivial. Igual que cuando mueven sólo con la mente un avatar (representación de uno mismo) en una pantalla. Me parece telequinesia milagrosa, pero el doctor lo juzga mero trámite tecnológico: se registra la actividad de la corteza neuronal y se diseñan algoritmos para descodificar esa señal. «El auténtico progreso -y ahora sí se pone serio- será lograr activar tus circuitos para que pienses mejor y hagas mejor lo que haces ahora y lo que debes hacer mañana».

La edad nos hace sabios?

De niños establecemos conexiones muy densas entre los nudos más próximos de la red cerebral y, con los años, vamos perdiendo esa densidad y, en cambio, ganamos conectividad entre los nódulos más alejados.

¿Y eso cómo nos afecta?
Vamos ganando perspectiva y perdiendo concentración. Captamos mejor la totalidad del mundo y sus conexiones, pero perdemos capacidad para profundizar en él.

¿Y la perspectiva nos hace tolerantes?
Nuestro cerebro ve mejor todo el bosque y no sólo los árboles más próximos, y así toma distancia respecto a la realidad. Esa distancia nos permite relativizar cosas y tolerar.

Te enfadas menos pero con más razón.
Ganas capacidad de modular las emociones y pierdes intensidad al sentirlas: sufres menos, pero también gozas menos que antes.

¿Podríamos considerarlo madurez?
La madurez sería aprovechar la mayor perspectiva neuronal para descubrir la importancia -y el goce- de las cosas pequeñas.

¿Apreciar la inmensidad de lo mínimo?
Y con esa mayor amplitud mental saber trascender del yo al nosotros…

¡Eso sí que es la madurez!
… Pero la auténtica sabiduría es el paso del nosotros al ellos, es decir, al todos.

No sé si muchos llegarán tan lejos.
Pues es el auténtico goce de la edad: superar el culto al ego e incluso al nosotros para disfrutar como propio el éxito de ellos: es sentir como tuyo lo de todos y al revés.

Y que nada humano te sea ajeno.
Ver y sentir la conexión con personas con las que antes no establecías relación.

¿A usar todo el cerebro se aprende?
Es falso que no usemos todo nuestro potencial cerebral. En realidad, el cerebro está funcionando siempre a tope. Por eso consume una cuarta parte de nuestra energía en procesar información interna y externa.

¿Cómo funciona?
El cerebro fabrica el futuro: anticipa lo que va a suceder lanzando hipótesis, una especie de expectativa, que después contrasta con lo percibido e integra en la experiencia.

¿Cómo?
Más que en percibir, nuestro cerebro gasta esa energía en no percibir; es decir, en discernir: selecciona sólo lo que le interesa de todo cuanto percibe en cada momento.

¿Más que para ver algo, el esfuerzo mental consiste en no verlo todo?
Y al envejecer vas perdiendo capacidad de inhibición y, por lo tanto, de concentración.

¿Y si te entrenas mentalmente?
Bien. El ejercicio mental protege del deterioro cognitivo. Recuerde que la evolución nos ha diseñado para vivir sólo lo bastante para reproducirnos. El resto es tiempo prestado y hay que ganárselo con esfuerzo.

Pues cada vez nos presta más.
El ejercicio aprovecha la gran plasticidad cerebral para alargar la programación genética. Algunos, en el esfuerzo para suplir el deterioro cognitivo, segregan amiloides. Y a corto plazo sirven para estimular el cerebro, pero luego devienen residuos tóxicos.

Se los considera causa del alzheimer.
No son ellos los que causan la degradación neuronal, sino que la degradación ya se ha producido cuando son segregados en el esfuerzo para intentar superarla.

¿Qué se puede hacer para evitarla?
Aprovechar la enorme plasticidad cerebral: aprender idiomas, por ejemplo, tiene más efecto protector que algunas medicaciones.

¿Y las técnicas mentales tradicionales?
Meditar, yoga, ayuno… Logran beneficios probados en circuitos cerebrales concretos.

El ayuno ha caído en desuso.
Pues tonifica neurocircuitos. En general, la restricción calórica conviene al cerebro. Más que comer lo justo para no engordar, se trata de comer lo justo para no adelgazar.

Yo creía que el placer rejuvenecía.
Aún más controlarlo: el gran ejercicio cerebral es el autocontrol, la disciplina mental.

Es fácil perderla y difícil adquirirla.
Por eso trabajamos en el Institut Guttmann, Harvard y Starlab con técnicas no invasivas de estimulación magnética transcraneal.

¿Con electrodos?
Simplemente electromagnetismo. Sin descargas electroconvulsivas. Tratamos con eficacia reconocida la depresión, por ejemplo. También daños neuronales por accidentes o ictus. Y el dolor neuropático.

Dicen que logran que un impedido encienda una tele por ondas cerebrales.
No es difícil. Poner en práctica estrategias tecnológicas para que la actividad cerebral encienda un electrodoméstico es trivial.

Pues a mí aún me parece increíble.
Ahora experimentamos para que tu pensamiento mueva tu avatar en una pantalla. Pero ese no es el verdadero reto. La meta es lograr que ese avatar sienta lo que tú sientes. Y más aún: lograr que tú sientas lo que te conviene en un determinado momento.

Me conformo con morir de viejo sin tener que llegar a vivir como un idiota.
Es el mayor desafío para todos: mantener la salud cerebral hasta la muerte. Y la buena noticia es que, en tan sólo cinco años, vamos a estar mucho más adelantados para prevenir el deterioro cognitivo.

Fuente : La Vanguardia

“Hemos perdido el arte de las relaciones sociales”

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La humanidad ha olvidado cómo ser feliz, advierte el sociólogo polaco.

 
“Hay que replantearse el concepto de felicidad, se lo digo totalmente en serio”. El hombre que bautizó este tiempo de incertidumbre comomodernidad líquida repara durante gran parte de la conversación en el deseo más universal de la humanidad. El filósofo y pensador Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925) cree que se nos ha olvidado cómo alcanzarla: “Generamos una especie de sentido de la culpabilidad que nos lo impide”.

Bauman recaló recientemente en la capital para ofrecer una conferencia en la Universidad Europea de Madrid a propósito de su último libro Sobre la educación en un mundo líquido, publicado en 2013. La conversación transcurre en una mesa de reuniones, frente a una botella de agua que apenas toca y un gran ventanal. Y ahí, con un gesto grave como su voz, profundiza sobre la felicidad, la crisis económica, las redes sociales o la juventud. “La búsqueda de una vida mejor es lo que nos ha sacado de las cuevas, un instinto natural y perfectamente comprensible, pero en el último medio siglo se ha llegado a pensar que es equivalente al aumento de consumo y eso es muy peligroso”, señala el premio Príncipe de Asturias 2010. Con mirada enérgica, anima a cambiar los referentes: “Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho”. Lo que se consume, lo que se compra “son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”, despacha el filósofo que, a sus 88 años, arranca y despide el encuentro matutino fumándose una pipa de tabaco y un cigarro.

 

Cortesía de la organización.

Describe un círculo vicioso familiar a propósito de la asociación de felicidad y consumo. El padre o la madre que dedican parte del sueldo a comprar la consola al hijo, porque se sienten culpables al no dedicarles tiempo. Le hacen el regalo, pero el modelo queda obsoleto pronto y se comprometen a facilitarle el siguiente. “Para pagarlo necesitarán más éxito profesional, estar más disponibles para el jefe, usar un tiempo que quitarás a tu familia…”.

Zygmunt Bauman no tiene teléfono móvil ni perfil en las redes sociales, pero “desgraciadamente” se ve obligado a observarlos de cerca: “No tengo más remedio que interesarme por estos fenómenos por motivos profesionales”. Abomina de ellos porque considera que invaden todos los espacios y diluyen las relaciones humanas. “El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”, dice.

No le gusta el papel que juegan en la vida laboral y tampoco el que suplantan, en su opinión, en las relaciones personales. Se acuerda de Mark Zuckerberg, que ideó la red Facebook para ser un chico popular. “Claramente ha encontrado una mina de oro, pero el oro que él buscaba era otro: quería tener amigos”.

“Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad”, se detiene. Las pandillas de amigos o las comunidades de vecinos “no te aceptan porque sí, pero ser miembro de un grupo de en Facebook es facilísimo. Puedes tener más de 500 contactos sin moverte de casa, le das a un botón y ya”.

 

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/11/actualidad/137097136…

«Me despedí de la vida… y me curé con la dieta anticáncer»

ImagenOdile es médico, ha padecido cáncer y se ha curado. Explica lo que ha hecho en un libro que es una biblia anticáncer, fundada en la propia experiencia y el conocimiento científico (más de 1.200 referencias bibliográficas): Mis recetas anticáncer (Urano), que encabeza con este proverbio ayurveda: «Cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona. Cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria» (www.misrecetasanticancer.com). Además de una alimentación oncosaludable, Odile advierte de cancerígenos en productos de limpieza, cosméticos e insecticidas. Aconseja dormir por la noche, hacer ejercicio, relajarse: «Salta, ríe, baila y sé feliz».

 

¿Tuvo un cáncer?
De ovarios. ¡Me extirparon un tumor de once centímetros de diámetro! Y parecía solventado. Pero no…

¿No?
Metástasis en vagina, pulmón y huesos.

Buf.
Era noviembre del 2010 y tenía sólo un 5% de posibilidades de vivir más de cinco años.

¿Cómo encaró esta estadística?
Me deprimí. Y luego me despedí de la vida.

¿Cómo?
Grabé un vídeo para mi hijo de tres años, para que supiese cuánto habíamos jugado. Encomendé a mi madre y mi hermana su cuidado, además de a mi pareja…

Adiós a todo…
Sí. Convencida de morir antes de Reyes, compré juguetes para mi hijo, los dejé en un armario y me despedí del niño: «Jugarás más con papá…». Y entonces pasó algo.

¿Qué?
Asumí que ya estaba muerta. Y, como seguía viva, me dije: «¿Por qué no haces algo?».

¡Claro!
Empecé quimioterapia…, y algo más.

¿Qué más?
Indagué… ¡y descubrí que podía hacer bastantes más cosas por mí! Y sentí una oleada de fuerza, de convicción de que me sanaría.

¿Qué hizo?
Cambié hábitos dietéticos y estilo de vida. Sentí gran alegría… ¡y en dos meses el cáncer ya no estaba!: mi actitud y mi dieta activaron los recursos de mi organismo.

¿Qué dieta?
Con alimentos que frenan células tumorales, en vez de los que las aceleran.

¿Qué alimentos son más cancerígenos?
Lo dice la OMS: carnes rojas y carnes procesadas, ingeridas en exceso.

¿Procesadas?
Salchichas de Frankfurt, embutidos, salchichón, salami, bacon… Te depositan toxinas, por aditivos como los nitritos.

Señáleme más alimentos cancerígenos.
La bollería industrial, por su exceso de azúcares y harinas refinadas, y grasas trans. Y los fritos a más de 300ºC con aceites refinados y reutilizados. Y las barbacoas de carne.

¿Y eso?
El requemado de la grasa contiene benzopireno: ¡cancerígeno! Como el café torrefacto.

¿Y qué más debería evitar?
Excesos de sal, azúcar refinado y alcohol.

¿El vino tinto no era saludable?
Beber dos copas de vino tinto al día -una para la mujer- resulta oncoprotector, sí.

¿Y la Coca-Cola?
Cada vaso equivale a un vaso de agua con seis cucharaditas de azúcar: ¡excesivo!

Cite alimentos oncoprotectores.
Todas las frutas y verduras frescas, setas, algas, legumbres, té verde, chocolate.

¿Qué verdura es más anticancerígena?
Cebolla y ajo, tomate, setas, crucíferas (brócoli, coliflor) y todo lo verde.

¿Y cuáles son las frutas estelares?
Granada, cereza, manzana roja y cítricos.

¿Qué más?
Ciertas especias: cúrcuma, jengibre y pimienta negra. Su alto consumo en India ¡reduce allí los cánceres a la mitad!

¿Cúrcuma y jengibre frescos?
Sí, pero sirve en polvo. Y aromáticas: orégano, albahaca, perejil, tomillo. Y semillas de lino: ¡tienen más Omega 3 que el pescado!

¿Y eso es bueno?
Buenísimo, porque el Omega 3 es antiinflamatorio… ¡y las células tumorales prosperan en órganos y tejidos inflamados!

¿Qué me aportarán las setas?
Estimulan el sistema inmunitario, que protege contra tumoraciones. Las mejores: shiitake, mitake, reishi y champiñón del sol.

Prepáreme un plato anticancerígeno.
Desayuna un licuado de zanahoria, manzana, apio y jengibre (un trocito fresco, pelado). Mejor hazlo con una extractora lenta de zumos, que no desperdicia nada.

Déme algo más sólido para comer.
Una ensalada arco iris: verde (canónigos, escarola, espinaca…), naranja (zanahoria), blanco (cebolla), rojo (tomate). ¡Los colores son importantes!

¿En serio?
Expresan presencia de fitoquímicos: caroteno (naranja), licopeno (rojo)… ¡Y los fitoquímicos son una quimioterapia natural! Atacan a las células tumorales y vitalizan a las sanas. Combínalos y te protegerán. Y aliña tu ensalada con nueces, germinados, aceite de oliva virgen extra y plantas aromáticas.

Cocíneme ahora un plato oncosaludable que no sea una ensalada.
Hazte una salsa sofrita de tomate, cebolla y ajo, cúrcuma, pimienta y orégano, para acompañar lo que sea (un arroz integral, por ejemplo), y bebe una copa de tinto.

¿Alguna otra bebida?
Una infusión de té verde, cúrcuma fresca, pimienta negra y piel de manzana verde.

Y un último consejo dietético.
Come más alimentos crudos. Cocina al vapor. O, si hierves, ¡que sea a bajas temperaturas!, para preservar más propiedades.

¿Y así me ahorraré un cáncer?
Sólo un 10% de cánceres son genéticos: el resto son medioambientales…, ¡de los que descartarás un 35% si comes así de bien!

Fuente : La Vanguardia